22 septiembre 2008

Pensando en voz alta


Veamos, Marcelo Tinelli es indiscutiblemente el personaje mas famoso que de estos días, y sus productos, los mas rentables. Pero ocurre que Marcelo se ha encontrado con algo de su propia medicina...

Les explico, en Economía, existe una ley que se denomina la ley de rendimientos marginales decrecientes, que se inscribe en la teoría de la Utilidad, y dice lo siguiente, mas o menos:

Supongamos que estamos en pleno verano y hace un calor infernal (visualicen Buenos Aires al mediodía, el 10 de Enero). Debido al excesivo calor, me apetece tomar agua.

Pues bien, tomo un primer vaso de agua, y me siento un tanto satisfecho (ese primer vaso de agua me reporta un cierto grado de satisfacción o utilidad). Ahora, mi sed no ha sido saciada, por lo que mi necesidad de seguir tomando agua es creciente. Conforme tomo algunos vasos mas, la satisfacción que me genera el consumo de un nuevo vaso de agua (que primero era creciente) comienza a estabilizarse y luego a descender hasta anularse.

La misma lógica opera en los productos de Tinelli. Entendemos que nuestra necesidad de puterío televisado es creciente, porque siempre surgen nuevas cosas y eso renueva nuestra satisfacción frente al estímulo.

Ahora, advertidos los medios que la lógica Tinelliana era rentable también para ellos, comenzaron a reproducir el formato (entendiendo por formato a dos cosas: puterío televisado y concurso o reality).

La sobre exposición producida por diferentes concursos y por todos los programas que refritan el puterío hizo que todos los ratings aumentaran y todos comieran de San Tinelli.

Esa misma sobre exposición, si nos atenemos a la ley de rendimientos marginales decrecientes, es la que aburrió al público.

En conclusión, el público percibe menos satisfacción al ver los programas de Tinelli que la que percibía el año pasado, y por eso elige otras opciones. Digo, la repetición hasta el hartazgo de las mismas situaciones, las mismas caras, los mismos diálogos, las mismas preferencias, las mismas desigualdades, provocó lo inevitable, el hartazgo del público.

Por otro lado, pensemos que en los primeros envíos de Bailando o Patinando, la gente percibía que los famosos y los soñadores, al participar en el programa, se convertían en celebrities, o cuando menos, comenzaban a ocupar espacios mas importantes en el medio. En este sentido, sentían empatía por aquel que demostraba que a través del sacrificio, llegaba la consagración.

Hoy, luego de varios concursos pasados, la sensación es mas de descreimiento, que de satisfacción. Digo esto porque todos sabemos que alguien como Karina Jelinek NUNCA podría haber llegado tan lejos en un concurso si no fuera por las prevendas que recibe de la producción. O sea, el público deja de identificarse con el famoso, porque llega a la final por "arreglos" manifiestos y un tanto obscenos, algo que no ocurre mucho en la vida real. Digo esto, porque la secretaria del gerente puede hacerse de un departamento gracias a sus dotes mamatorias, pero nunca llegara a la Gerencia general, se entiende?

2 comentarios:

piluso dixit dijo...

Si hubiera hecho un kilombete de tanto en tanto hubiera pasado desapercibido...pero se engolosinaron y la gente se pudrio. Ahora viene la verdad, mantener el rating sin, o con pocos kilombos...se la van a ver negra.

Anónimo dijo...

jejejeje....buena muy buena tu opinion...es para pensar.